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Pacientes bariàtricos: Papel del entrenador personal y del gimnasio

 

Es por ello que la monitorización personalizada, ofrecerá las ventajas de motivar y obligar el paciente, hacerle consciente de sus posibilidades, evitar lesiones y obviar el impacto del inicio del programa en un ambiente extraño.

Respecto al momento óptimo de intervención del entrenador personal, estimamos que ha de ser antes de la cirugía, y ello por dos razones:

En primer lugar, habituaremos progresivamente el paciente a los cambios que ha de introducir en su vida, evitando que todos los cambios tengan lugar en el postoperatorio.

En segundo lugar, podremos estimar el grado de motivación del paciente, y en su caso, reforzar el tratamiento psicológico previo a la cirugía, al objeto de optimizar resultados.

Y por último, sabemos de los beneficios de una pérdida ponderal preoperatoria sobre las dificultades técnicas, riesgos anestésicos, e incidencia de complicaciones, en especial en los pacientes de mayor grado de obesidad.

Por lo tanto estimamos que los pacientes deberían debutar con su programa de entrenamiento en el mismo momento en que se contempla la indicación quirúrgica, para continuar lo antes posible en el postoperatorio.

El gimnasio constituirá un auxiliar valioso, especialmente cuando se haya superado la primera etapa de adaptación física y psicológica al ejercicio físico.

Mucho se ha estudiado y escrito sobre tipos e intensidadóptimos de ejercicio en estos pacientes.

Actualmente, se cree que lo ideal es combinación de ejercicio aeróbico y anaeróbico en la misma sesión o en distintos días, siempre precedidos de calentamiento y flexibilidad, para terminar con flexibilidad.

Los beneficios del EF se obtendrán desde la realización de ejercicio de baja intensidad un mínimo de 30-40 minutos 5 días a la semana, aunque la mejora de la capacidad aeróbica y especialmente la quema de grasa requerirían 40 minutos de ejercicio de intensidad moderada. Por otra parte, los ejercicios de musculación, aeróbicos, han demostrado ser eficaces también, no solo para aumentar masa magra, pero también se ha visto que dan lugar a utilización de ácidos grasos provenientes del tejido adiposo en la fase de post-ejercicio10.

Además, se ha visto que la adherencia del paciente obeso a programas de larga duración, combinando ejercicios aeróbicos con anaeróbicos es buena, con un porcentaje de solo 12,7% de abandono al año, en la serie publicada por Balducci22.

Por último, en una época en que entendemos que la cirugía es tratamiento más eficaz para el tratamiento de la obesidad, es interesante recordar que, en función de los datos obtenidos por el Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Pittsburg, los pacientes que consiguieron mantener una pérdida ponderal sustancial a largo plazo mediante cirugía, comportaban una ingesta grasa significativamente superior y un nivel de actividad claramente inferior que aquellos pacientes que fueron tratados mediante medios no quirúrgicos. Concluyen los autores que casos quirúrgicos y controles manifestaron conductas muy distintas para mantener su pérdida ponderal23. Teniendo en cuenta los estudios comentados en este artículo, cabe suponer que estas diferencias de conducta han de tener repercusiones importantes en la salud de los pacientes a medio-largo plazo, independientemente de la pérdida ponderal conseguida.

 

Conclusiones

El sedentarismo, enfermedad del siglo XXI, es factor fundamental en la propagación de la epidemia de obesidad.
El ejercicio físico es parte esencial del tratamiento, incidiendo en claves fisiopatológicas de la enfermedad.

La cirugía bariátrica, considerada único tratamiento eficaz de la obesidad, no va por lo general acompañada de programas estructurados y monitorizados de ejercicio físico.

Es necesario estudiar y valorar la eficacia del ejercicio físico en sus modalidades aeróbica y anaeróbica, tanto en la preparación preoperatoria, como en la evolución ulterior de estos pacientes.